domingo, 21 de febrero de 2010

 

No me acuerdo muy bien
cuántos besos dejamos en cada esquina.

Pero imposible olvidarme
de aquel cuarto donde aquella noche subió
la adrenalina
.

Se juntó una religión que era puro corazón
con otra que nunca existió,
se juntaron dos camas y no alcanzaban
para tanto fuego, tanta acción,
tanto descontrol.
Elegimos el colchón más chico
y pareció de dos plazas,
cuando el colchón terminó bienvenido fue el piso
del comedor de su casa.
A cada beso caía una estrella,
cada arañazo calmaba el dolor,
cuando me acuerdo de el
levanto mi vaso y brindo
adonde quiera que estés
por nuestra canción.